5 de febrero de 2010

Sobre la "muerte" de Adolf.

Tras los restos de aquella noche. Ellos se sentaron, se miraban mutuamente, como dos enamorados esperando a que el sol acabe de salir. Ambos intoxicados por aquel elixir de cianuro que habían bebido. Consultaban al cielo gritando: ¿Cuando vendrá la dama oscura? ¿Cuando vendrá a buscarnos? Y el cielo le respondía con su sigilosa voz, casi imperceptible para el oído humano: Ilusos, no se merecen ni siquiera la muerte.
Ambos desconcertados por la situación. Él mucho mas desconcertado por su inminente derrota, y como su perfecto plan para que la "raza aria" despoje a las demás había fracasado.
Nunca más nadie volvió a saber de ellos. Se comenta que tal era la decepción de Dios sobre este hombre, que lo dejo vivo y apresado en la eternidad. Otros dicen que huyo impunemente hacia tierras lejanas, cambiando su nombre, pero aun así su alma no cambiaria, seguiría tan podrida. Y yo creo que el peor castigo para el hombre es que su alma se pudra. Es algo que no se compra, ni cambia, ni roba, es un espíritu libre. Solo el egoísmo del hombre encontró como reprimir a la libertad de las almas. Y por eso, maldigo a él y a todos los demás represores de todos los tiempos.

1 comentario:

Pablo Y. Abdala dijo...

Che tengo sueño, pero es un buen escrito. Para la próxima un título menos obvio, pareciera una cabecera que precede a una nota.